Tesoros Coloniales: Michoacán


El nombre del Paraíso. Aquí encontrarás todo lo que buscas para disfrutar de unas merecidas vacaciones, porque es un estado que tiene todo.

Al llegar nos envuelve el trato amable de su gente; luego es necesario elegir entre ciudades y poblados coloniales, playas, sitios arqueológicos, fiestas tradicionales y encantadores escenarios naturales.

Morelia es la capital, cuyo estilo arquitectónico y trazo la convirtieron en Patrimonio Cultural de la humanidad desde 1991. En ella destaca su riquísima arquitectura civil y religiosa como la Catedral, una magnífica muestra del barroco tablerado; el Palacio de Gobierno; el Palacio Clavijero; el Templo y conservatorio de las Rosas; la Casa de la Cultura; el Acueducto y la Calzada de Guadalupe.

El Colegio de San Nicolás de Hidalgo, así como numerosos templos y museos. Junto a esas joyas coloniales encontrarás también modernos atractivos, como el Planetario cuya cúpula hemisférica alcanza los 20 metros de diámetro, el Zoológico, Centro de convenciones y Exposiciones, al igual que plazas comerciales, teatros y peñas para alegrar el recorrido.

Si te apasiona la naturaleza, en Michoacán tienes mucho que disfrutar. Puntos obligados son El Rosario y Chincua, santuarios de la Mariposa Monarca abiertos al público. Si prefieres la frescura de la montaña, visita cascadas como La Tzaráracua o Los Chorros del Varal; en Los Azufres encontramos montañas densamente pobladas de pinos y abetos, los cuales sirven de marco para disfrutar de los campamentos turísticos “Laguna Larga” y “Los Azufres” que cuentan con cabañas, áreas de campismo y magníficas albercas con aguas termales; las Grutas de Tziranda, lugar inigualable donde el visitante podrá admirar la belleza y el misterio de las cuevas, bóvedas y salas que la naturaleza ha formado a través de millones de años; visita también los alrededores del Volcán Paricutín, con el antiguo pueblo de San Juan Parangaricutiro sepultado bajo su lava.

La isla de Janitzio, la mayor de todas, donde se ubica una estatua de 40 metros de altura en memoria de José María Morelos y Pavón, y además se puede apreciar la velación de la noche de muertos en todo su esplendor; Los manantiales con aguas termales abundan en este maravilloso estado, a los cuales se les atribuyen propiedades curativas.

Procura visitar algunos de estos sitios: Ixtlán de los Hervores y su incontenible géiser, San José Purúa, Zinapécuaro y Huandacareo. También te recomendamos las playas con aguas de intenso azul turquesa y románticos atardeceres, en algunas de las cuales se puede practicar el surfing, el buceo y snorkel, así como la pesca deportiva.

Los tesoros coloniales de Michoacán también se encuentran en su provincia. Al salir de la capital la arquitectura colonial sigue presentándose a tus sentidos, pero esta vez en los bellísimos marcos naturales que rodean a las Ex Haciendas o en la tranquilidad de pequeños poblados.

No olvides visitar Tiripetío, donde se estableció la primera Escuela de Altos Estudios de América en 1538; Pátzcuaro, con sus templos, plazas y edificios de los siglos XVI al XIX; Tzintzuntzan, capital del antiguo Imperio Purépecha; Santa Clara del Cobre, donde aún se trabaja este metal con técnicas precolombinas; y Uruapan, donde el tiempo se ha detenido en sus casas de madera techada con teja y además cuenta con el Parque Nacional Eduardo Ruíz, el cual se extiende por el cauce del río Cupatitzio.

Sin duda, la celebración de la Noche de Muertos en toda la región lacustre es la fiesta tradicional más llamativa del Estado. En ella se palpa la profunda vocación religiosa del pueblo, engarzada con antiguas creencias sobre la muerte. De las manos hábiles de artesanos michoacanos nacen excepcionales piezas de cobre martillado, metalistería, maque, madera tallada, alfarería, prendas de lana y algodón, así como diversos objetos de fibras vegetales como petates, canastos y las famosas y tradicionales guitarras de Paracho.

De la gran variedad de la cocina regional te recomendamos la sopa tarasca, las famosas corundas, uchepos, pollo placero, pescado blanco en sus diferentes guisos, churipo, olla podrida, fruta en conserva, nieva de pasta, fruta picada, los buñuelos, chongos zamoranos, ates morelianos, zarzamoras y la charanda, un delicioso aperitivo local. Pocos estados del país tienen tantos atractivos como Michoacán, así que cuando uno se adentra en su geografía, su historia, su cultura, y sus tradiciones, recibe una grata sorpresa.

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