
Porfirio Díaz había apoyado el Plan de Ayutla y peleado bajo las órdenes de Juárez durante la Guerra de la Reforma y contra Maximiliano. Por diferencias con Juárez proclamó el Plan de la Noria, y tuvo que exiliarse. Más tarde, lanzó el Plan de Tuxtepec contra Lerdo de Tejada. Ocupó la capital y el gobierno, en 1876, y gobernó hasta 1911 con pocas interrupciones. Ningún hombre había conservado tanto tiempo el poder después de la Conquista. Manejó el país durante treinta años, directamente unas veces y otras por medio de otro Presidente. El Porfiriato le dio a México dos cosas que le eran muy necesarias: inversión de capitales y paz y orden interno que no había vuelto a conocer desde tiempos de la colonia. Los guardias rurales, o policía montada, acabaron con los asaltos y el bandidaje en los caminos. El capital extranjero empezó a acudir al país, y las representaciones diplomáticas en México aumentaron notablemente: de seis en 1877 a 42 en 1910.
Los partidarios del progreso científico defendían la política económica del Presidente, el cual sin embargo, tuvo todos los defectos inherentes a las dictaduras. Entre sus adversarios políticos y de gran masa campesina se incubaba un descontento que, a la larga, tenía que estallar, pues al establecer la paz y el orden, Porfirio Díaz, estaba ejerciendo presiones que acabarían por resolverse en violencias y trastornos. El progreso material de la nación le debe mucho en forma de importantes obras públicas, como ampliación de las vías férreas, desagües, electrificación, etc., pero privó a México de las libertades esenciales. Después de haberse sublevado para evitar la reelección de Juárez, se hizo reelegir él mismo seis veces. Durante el Porfiriato se creó la Secretaría de Educación Pública y las Bellas Artes, y en 1910 se reorganizó la Universidad de acuerdo con las normas actuales de la enseñanza superior. Se inició la explotación petrolera por hombres de negocios extranjeros. Fueron anuladas muchas de las leyes de Reforma, principalmente las relativas a los bienes de la Iglesia y a la educación religiosa.