
México fue el centro de una vida colonial muy rica y brillante. Diversos autores nos han dejado amenas crónicas sobre la sociedad de aquellos tiempos, muchas de ellas son ribetes de la leyenda. En las Croniquillas de la Nueva España, de Luis González Obregón, encontramos detalles respecto a distintas facetas de la vida colonial. Basándose en relatos más antiguos, describe las fiestas con que se recibía a los nuevos virreyes, el adorno de sus palacios, las galas y lujos de aquella pequeña corte, las representaciones teatrales en las que se mezclaban asuntos religiosos y profanos. También nos hablan de los arriesgados y peligrosos viajes con el temor de encontrar en cada encrucijada a los terribles bandidos que entonces infestaban los caminos y todos los contrastes de lujo y miseria, de pobreza y fasto, de generosidad y codicia que tejían la existencia de los habitantes de la colonia. El teatro era la diversión más gustada. México era también, durante aquellos tres siglos, gran centro comercial y cultural. En el primer aspecto, las "naos de China" que venían no de aquel país sino de las islas Filipinas llegaban al puerto de Acapulco cargadas de sedas, marfiles y otros artículos muy estimados. Entre Veracruz y España el tráfico era intenso y el trueque comercial constante. La actividad económica se concentraba alrededor de la minería, la agricultura y la ganadería. Puede decirse que entre indígenas y colonizadores hubo, además del forzoso intercambio espiritual e intelectual, un intercambio de bienes naturales y productos básicos.
La vida cultural de la Nueva España durante el Virreinato fue intensa y, aunque reflejo, como es natural, de la cultura europea, fue adquiriendo características propias. La Universidad de México data 1534, año en que se fundó la primera institución de enseñanza superior. La Universidad Papal quedó establecida en 1551, y más tarde la de la Compañía de Jesús, cerrada cuando los jesuitas fueron expulsados de América, pero abierta de nuevo después. La primera imprenta el continente se instaló en México, se cree que en 1536; era de Esteban Martín y la primera obra que salió de sus prensas fue la Escala Espiritual, de San Juan Clímaco. También muy pronto hubo imprentas en Puebla, Oaxaca, Guadalajara, Veracruz y Mérida.
El enorme interés por la cultura en Nueva España queda patente en la importancia que dan las crónicas de entonces, a escritores como Don Carlos de Sigüenza y Góngora y Sor Juana Inés de la Cruz, sin contar a la pléyade de poetas cortesanos. En esta sociedad había que distinguir tres clases sociales bien delimitadas; la de los indios puros, que formaba el 70% de la población; la de los mestizos, más de dos millones, muchos de los cuales lograron considerables riquezas, y por último la de los españoles, que formaban el grupo gobernante. A esta sociedad llegaron como elemento inquietante y renovador las ideas que inspiraron la Revolución Francesa; pero el orden establecido sólo fue perturbado más tarde cuando las fuerzas napoleónicas invadieron a España.