Historia – México Virreinal

La expansión de la Nueva España
Después de la caída de México – Tenochtitlán, los capitanes de Cortés se dedicaron a conquistar tierras más apartadas. Ocuparon gran parte del territorio de Mesoamérica, desde Honduras hasta Nayarit. Conquistadores como Pedro de Alvarado, Diego de Mazariegos y Cristóbal de Olid se dirigieron hacia las tierras de Centroamérica; otros, como Nuño de Guzmán y Alonso de Ávalos, tomaron la ruta del occidente, y los menos, la ruta del norte. De las hazañas de los segundos surgirían el reino de la Nueva Galicia, el Nuevo Reino de León, la Nueva Vizcaya y el Nuevo Santander, regiones bautizadas con nombres de la vieja España.

El hallazgo de ricas minas de plata en Guanajuato y Zacatecas provocó un éxodo de colonos españoles e indígenas en busca de fortuna hacia el norte de México. Alucinados por la fiebre del oro, audaces exploradores se aventuraron hasta los estados de California, Colorado y Oklahoma, en el actual territorio de los Estados Unidos, donde decían haber hallado ciudades doradas en medio del desierto. Las tribus nómadas de las zonas áridas causaron constantes perjuicios a los colonos pues asaltaban los caminos que comunicaban los pueblos principales y robaban el ganado de las estancias. Para someterlas se enviaron soldados y se crearon fuertes, llamados presidios, en los que podían refugiarse los españoles. La campaña de pacificación del norte, conocida como la guerra chichimeca, duró más de cincuenta años y en ella colaboraron indios tlaxcaltecas, otomíes y aztecas. En esta contienda los conquistados se volvieron conquistadores, incluso algunos indígenas adquirieron tierras y títulos de nobleza.

La sociedad novohispana del siglo XVI
El siglo XVI fue un periodo de bruscas y profundas transformaciones. En este siglo se colocaron los cimientos de la nación mexicana sobre las ruinas de los antiguos señoríos prehispánicos, en esta época clave las formas de organización y gobierno indígenas se utilizaron para establecer el nuevo dominio español. A lo largo de todo el siglo XVI los indígenas fueron la población mayoritaria, a pesar de la gran mortandad que causaron las epidemias. En los pueblos de indios, los caciques y nobles de antaño siguieron gobernando a sus comunidades. Los tributos que antes pagaban a los tlatoanis y sacerdotes aztecas, ahora eran para los encomenderos, el rey y la Iglesia. La forma de vida indígena siguió basándose en sus cultivos ancestrales, aunque la introducción de animales domésticos como el cerdo y las gallinas enriqueció un poco su dieta.

A pesar de la protección de las leyes españolas y de los frailes, los indígenas llegaron a ser víctimas del abuso de alcaldes, regidores, estancieros, hacendados, encomenderos y mineros, ávidos de riquezas y poder. En las ciudades se concentraban los europeos dedicados al comercio y al gobierno de la Nueva España, incluida la corte del virrey, que era el representante de la Corona española en la Nueva España. Además de las autoridades indígenas y españolas, existía un tercer poder: La Iglesia. Frailes y clérigos enseñaban el dogma y la moral cristianos; regían en las fiestas y procesiones religiosas; organizaban la construcción de iglesias, conventos y capillas y administraban los bines de indígenas y españoles por medio de cajas de ahorro, así como el dinero de las cofradías dedicadas a algún santo.

La etapa barroca
Considerado por algunos investigadores como “el siglo olvidado”, el siglo XVII fue una época de asentamiento económico y paz relativa. Los afanes de la conquista y la evangelización habían pasado, excepto en los desiertos del norte y en las zonas selváticas del sur del país. En el centro de México crecían las ciudades alimentadas con la plata de las minas, el comercio, el ganado de las estancias y el trabajo de los artesanos. En el campo, la población indígena, que sse había reducido sin cesar a lo largo del siglo XVI, comenzó a recuperarse lentamente. Algunos de estos indígenas, que resentían la falta de medios de subsistencia, huyeron de sus comunidades hacia las ciudades y las estancias españolas. Sin arraigo, se emparentaron con gentes de otras razas y costumbres; el resultado de esta mezcla fue un nuevo grupo racial conocido genéricamente como mestizo, que no era ni español ni indígena, sino mexicano.

Sin tierras ni riquezas, los mestizos tuvieron que ingeniárselas para vivir. Algunos se emplearon como peones, capataces o arrieros, otros como artesanos, comerciantes o albañiles, y algunos más se dedicaron a la mendicidad y el bandidaje. El mestizaje fue biológico y cultural. Las ideas prehispánicas, europeas y africanas se fusionaron de tal modo que es difícil reconocer su origen. Aun dentro de la misma Iglesia católica penetraron algunas costumbres indígenas. De las mentes de los arquitectos y las manos de artesanos surgió un nuevo estilo: el barroco novohispano. La profunda religiosidad de la época se expresaba en los templos, capillas y conventos dispersos por todo México, en la riqueza decorativa de sus fachadas y la suntuosidad de sus retablos y altares.

El siglo de las luces
En los inicios del siglo XVIII la sociedad colonial parecía haberse estancado. En las cortes novohispanas privaba el derroche, la superficialidad y la corrupción, títulos nobiliarios y puestos de gobierno se compraban y utilizaban para el enriquecimiento personal. La economía crecía con lentitud y el número de pobres con rapidez, las hambrunas, los abusos de caciques, los tributos impuestos a los pueblos llenaban las calles de la ciudades de mendigos y vagabundos, y los campos de bandoleros. La nueva dinastía de los Borbones, que sustituyó a los Austria a principios de siglo, comenzó a modificar a fondo el gobierno virreinal. Bajo los postulados del despotismo ilustrado, que proponía un gobierno para el beneficio del pueblo pero sin su participación, aumentaron la influencia y el poder del rey en las colonias. Surgió el Tribunal de la Acordada para perseguir y capturar bandidos.

Desaparecieron las encomiendas. Se creó un sistema fiscal autónomo del gobierno virreinal. Se logró la emisión única de moneda y fue liberalizado el comercio. Se creó el primer ejército formal de la Nueva España. En las nuevas secretarias y despachos los funcionarios públicos enviados desde Europa reemplazaban a la naciente aristocracia criolla. Las reformas borbónicas provocaron un nuevo auge en las coloniales. La minería y el comercio se desarrollaron rápidamente y con ellas aumentaron los ingresos de la Corona española y el gobierno virreinal. Gracias a la nueva riqueza se edificaron suntuosos templos y grandes palacios, se construyeron caminos, puentes y obras públicas, y se financió de nuevo la colonización y evangelización del norte del país.

Fuente: “Viaje por la historia de México”, es una obra creada por el historiador Luis González y González para la Secretaria de Educación Pública.

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