Historia – La República

La república restaurada
Después de las guerras de Reforma y de la derrota del segundo imperio, la República se consolidó. Los grupos conservadores habían sido definitivamente vencidos y se había alejado el peligro de una nueva intervención extranjera. El Estado mexicano salió fortalecido de la contienda; la victoria sobre los franceses originó un espíritu de lucha y fervor patrio, el poder la Iglesia estaba debilitado y el país parecía encaminarse a una época de paz y progreso.

Sin embargo, muchos obstáculos faltaban por superar: grupos indígenas afectados por los abusos de hacendados y gobernantes se levantaron en armas en Nayarit, Chiapas y la península de Yucatán, mientras tribus apaches y comanches asolaban las tierras del norte. Caciques locales y bandidos dominaban el campo. El gobierno tuvo que sofocar numerosas revueltas que provocaron sus propios generales, descontentos por las reelecciones del presidente Juárez. Se levantaron, entre otros, Donato Guerra, Jerónimo Treviño, Porfirio Díaz y Vicente Riva Palacio. Además de todos estos problemas, la deuda externa, causa de las intervenciones extranjeras, había aumentado.

Los gobiernos de Juárez y Lerdo de Tejada hicieron frente a estas dificultades, abrieron escuelas y centros educativos, crearon un código civil y otro penal. Muchos de los efectivos del ejército fueron licenciados, se negoció gran parte de la deuda, se aplicaron las Leyes de Reforma y hubo un intento de conciliar al Estado civil con la Iglesia. La República Restaurada fue también una época de renacimiento cultural, novelas, revistas literarias, liceos, institutos de ciencias y periódicos se dedicaron a estudiar la identidad y los problemas nacionales. La red de caminos y telégrafos creció y se inauguró el ferrocarril de México a Veracruz.

La pacificación porfiriana
Después de sus hazañas contra la intervención francesa, Porfirio Díaz era un militar popular, poderoso y con ambiciones políticas. Cuando Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada se reeligieron, Díaz se levantó en contra de ellos al grito de no reelección, primero con el Plan de la Noria y luego con el Plan de Tuxtepec. Conquistó el poder en 1877 gracias a su victoria en la batalla de Tecoac. Las elecciones para presidente de 1878 casi resultaron mera formalidad, pues Díaz ganó en el 97% de los votos.

El primer objetivo de su gobierno fue pacificar al país y eliminar a los rivales políticos más poderosos. No dudó en ejecutar a los levantados en su contra y exiliar a los enemigos más molestos; también hizo cambios en las cámaras para lograr un congreso dócil al poder ejecutivo. Logró el reconocimiento de Estados Unidos, Alemania, Italia, España y Francia, las potencias económicas de entonces. Años de relativa paz permitieron el crecimiento de la industria, la minería y los ferrocarriles, así como de los latifundios y del número de peones.

En 1880 Díaz, fiel aún al lema de la no reelección, apoyó a Manuel González como candidato a la presidencia. González fue la cabeza de un gobierno derrochador que agotó las reservas monetarias del país; sin embargo, durante su mandato hubo algunos logros, como la creación del Banco Nacional de México y el crecimiento de la red ferroviaria. Después de este régimen, el único personaje viable para la silla presidencial era, de nuevo, Porfirio Díaz, quien se reeligió con una votación casi unánime. Había surgido el poder que gobernaría a México durante los siguientes 27 años.

Fuente: Viaje por la historia de México, obra creada por el historiador Luis González y González para la Secretaria de Educación Pública.

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