Historia – La Conquista

Las exploraciones geográficas europeas
La caída de Constantinopla en manos de los turcos cortó las rutas comerciales entre Asia y Europa. No queriendo prescindir de sedas, porcelanas, especias y otras mercaderías traídas de las Indias –como llamaban en aquel tiempo a las regiones del sureste asiático-, los europeos se lanzaron a la búsqueda de nuevas rutas. Los reinos de la península ibérica, con costas en el océano Atlántico, fueron la cuna de los principales descubrimientos de los siglos XV y XVI: los navegantes portugueses exploraron las costas de África hasta llegar a la India. Mientras tanto, los españoles se aventuraron hacia el oeste, y en su búsqueda de las Indias atravesaron inmensos océanos y descubrieron un continente.

Después de varias décadas de exploraciones se establecieron nuevas rutas para viajar al sur de Asia, pero la magnitud de los hallazgos realizados en el camino opacaron el objetivo inicial; los portugueses se dedicaron al lucrativo negocio del tráfico de esclavos y España se convirtió en una potencia mundial que poseía enormes territorios. Los descubrimientos geográficos significaron mucho más que beneficios económicos. Más importante fue la expansión del conocimiento humano. La vuelta al mundo realizado por Hernando de Magallanes y Sebastián Elcano demostró la redondez de la tierra, los territorios y océanos descubiertos duplicaron la extensión del mundo hasta entonces conocido por los europeos. Plantas y animales cuya existencia se ignoraba enriquecieron la alimentación y facilitaron el trabajo de millones de personas tanto en el viejo continente como en el Nuevo Mundo.

La ocupación militar española
A las travesías de los navegantes siguieron las hazañas de los conquistadores, guerreros movidos tanto por el fervor religioso como por la ambición de fama, poder y riquezas. Su propósito fue propagar la fe cristiana entre los reinos indígenas, aumentar el número de súbditos del rey de España, y obtener para sí mismos fama, recursos, poder y títulos nobiliarios. Con mejores armas y técnicas guerreras que los pueblos nativos de América, unos cuantos cientos de soldados lograron someter a millones de indígenas. A su favor estuvo la audacia de capitanes como Pizarro y Cortés, y muchas veces la suerte y la habilidad los libraron de morir en manos de sus enemigos.

En la conquista de México – Tenochtitlán los soldados españoles tuvieron dos aliados inapreciables: el odio que muchos pueblos sentían hacia sus opresores mexicas y las enfermedades infecciosas desconocidas para los indígenas fueron las armas más mortíferas de los europeos. Contra la viruela y el sarampión no había defensa posible, y éstas causaron muchas más muertes que todas las acciones militares juntas. La conquista de México significó la desaparición de los antiguos señoríos prehispánicos, pero de ningún modo la destrucción total de la antigua civilización mesoamericana; los antiguos reyes indígenas y los nuevos señores españoles emparentaron entre sí, y dentro de un nuevo orden político gobernaron a sus pueblos al lado de los sacerdotes cristianos, mensajeros de una nueva religión que sería compartida por todos los pobladores de la Nueva España.

La Evangelización
Según el mismo Hernán Cortés, la razón de la conquista era la implantación de la fe cristiana entre los indígenas, por lo que solicitó el envío de frailes a las nuevas tierras conquistadas. En 1524 llegó a la Nueva España un grupo de doce frailes franciscanos y poco después arribaron dominicos y agustinos. En 1540 ya había más de un centenar de misiones diseminados por todos los territorios conquistados. Se fundaron las diócesis de Tlaxcala, México, Michoacán y Oaxaca. Cada frailes, al llegar, se imponía dos tareas: aprender una o varias lenguas indígenas y conocer las costumbres locales relacionadas con el culto a los antiguos dioses. La labor principal de los misiones fue implantar la fe cristiana entre los naturales por medio de la prédica, la preparación de catequistas, la redacción de doctrinas o catecismos y la administración de sacramentos como el bautizo y el matrimonio.

Su obra no se detuvo ahí: congregaron a los indígenas en nuevas poblaciones, levantaron conventos, capillas e iglesias, construyeron caminos, puentes y acueductos, crearon hospitales y escuelas donde se enseñaban diversos oficios, defendieron a los nuevos cristianos del abuso de los encomenderos y registraron las costumbres e historia de los antiguos pueblos indígenas. Pero para alcanzar su propósito también destruyeron imágenes y libros indígenas, y persiguieron a aquellos que seguían practicando el culto a sus dioses. La labor evangelizadora de los frailes fue realizada con un enorme entusiasmo, muchos murieron a causa del agotamiento y la vida austera que llevaban. En poco más de cuarenta años transformaron a millones de indígenas.

Fuente: “Viaje por la historia de México”, es una obra creada por el historiador Luis González y González para la Secretaria de Educación Pública.

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