Historia – Independencia

Antecedentes de la Independencia
Después de tres siglos de dominio español, en la Nueva España se había formado una nueva nación, distinta de la “madre patria” europea y aún más de los antiguos reinos indígenas. El virreinato más preciado de la Corona española disfrutaba de una riqueza económica nunca vista. La palabra México aparecía en la pluma de notables escritores como Clavijero o Eguiara y Eguren, y con el tiempo iría suplantando el nombre oficial del virreinato. Seis millones de personas coexistían al final de la época colonial, la gran mayoría indígenas y mestizos gobernados por una minoría blanca compuesta por dos grupos: los criollos y los españoles peninsulares.

Los criollos ya sobrepasaban en número a los españoles y resentían la exclusión que se hacía de ellos a la hora de otorgar títulos y cargos públicos. En un principio los criollos pedían una mayor injerencia en los asuntos de la Nueva España, pero la independencia de las coloniales inglesas de Norteamérica y la invasión napoleónica a España aceleraron los acontecimientos. En 1808, ante la situación de la metrópoli española, el virrey Iturrigaray trató de constituir una junta de gobierno, presidida por él mismo, que tomara las decisiones del gobierno virreinal. Al conocer la medida, algunos españoles asaltaron el palacio, capturaron al virrey e instauraron un régimen leal a España. Sin embargo, la idea de la autonomía se extendió por muchos sectores de la colonia. Un año más tarde, en Valladolid, se preparaba una conjura para lograr la independencia total de México.

La Revolución de Independencia
En Valladolid, San Miguel El Grande, Dolores y Querétaro, grupos criollos planeaban levantarse en armas para lograr la independencia de México. El movimiento era apoyado por personajes importantes, como los capitanes Ignacio Allende y Juan Aldama, el cura Miguel Hidalgo, el corregidor Miguel Domínguez y su esposa Josefa Ortiz. Al descubrirse el plan, Allende e Hidalgo adelantaron la fecha prevista para el levantamiento. En la madrugada del 16 de septiembre de 1810 Hidalgo llamó a las armas en el pueblo de Dolores; días después tomó las ciudades de Celaya, Guanajuato y Valladolid, y se dirigió hacia la capital del virreinato.

Las fuerzas de Hidalgo derrotaron al ejército realista en el monte de las Cruces, más no avanzaron hacia la ciudad de México pues temían ser cercados. Los insurgentes  se retiraron hacia el Bajío, pero fueron alcanzados y derrotados en Aculco. Poco después perdieron las ciudades de Guanajuato y Valladolid y se replegaron hacia Guadalajara. Derrotados nuevamente por Calleja, los jefes del ejército insurgente se dirigieron al norte; a los nueve meses de haberse levantado, Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez fueron capturados y ejecutados. A pesar de la muerte de los primeros caudillos, el movimiento insurgente aumentó. En el sur, Morelos y sus lugartenientes dominaban la región de Tierra Caliente.

Sitiados por varios meses en Cuautla, lograron evadir el cerco y tomaron las ciudades de Oaxaca, Tehuacán y el puerto de Acapulco. En 1813 Morelos convocó a un congreso en Chilpancingo; en él se declaró a México República Independiente y la igualdad de derechos para todos los mexicanos. Félix Calleja, el nuevo virrey, lanzó en ese año una gran ofensiva en contra de los insurgentes, quienes derrotados en varios frentes, se refugiaron en Apatzingán. Allí decretaron la primera Constitución del país. En 1815 Morelos fue capturado y fusilado en San Cristóbal Ecatepec.

Consumación de la Independencia y Primer Imperio
Después de la muerte de Morelos, la insurgencia se disolvió en numerosas guerrillas rurales. El acoso de las tropas realistas y el indulto ofrecido por el virrey Apodaca lograron que algunos de los jefes insurgentes dejaran la lucha. Ignacio Rayón, Nicolás Bravo y Manuel Mier y Terán fueron capturados; Guadalupe Victoria desapareció en la selva veracruzana. Solamente en el sur del país la lucha se sostuvo por la voluntad de Vicente Guerrero. En 1820 el rey de España, Fernando VII, aceptó la Constitución de Cádiz, la cual limitaba su poder, consagraba la libertad de imprenta y los derechos del individuo.

Los mismos peninsulares que habían combatido a los insurgentes se reunieron entonces en la iglesia de la Profesa, para lograrla independencia de México y así evitar que la nueva Constitución se implantara en la Nueva España. Dirigidos por el canónigo Matías de Monteagudo, el grupo de la Profesa logró que Apodaca nombrara a uno de sus miembros, Agustín de Iturbide, comandante del Ejército del Sur, con la consigna de acabar con Guerrero. En vez de combatirlo Iturbide lanzó el Plan de Iguala, que declaró a México país independiente, católico, hogar de peninsulares, criollos, indios y negros por igual.

De la unión de las fuerzas de Guerrero e Iturbide surgió el Ejército Trigarante, que rápidamente se apoderó de la Nueva España. Apodaca fue destituido por su propia guarnición y regresó  a España.

El nuevo virrey, don Juan de O’Donojú, sólo llegó para firmar los Tratados de Córdoba por los cuales España reconocía la independencia. El 27 de septiembre de 1821 Iturbide entró en la ciudad de México y consumó así la independencia del país. Al año siguiente se proclamó emperador de México con el nombre de Agustín I, lo que provocó el enojo de los antiguos insurgentes, quienes se rebelaron contra él. El primer imperio terminó un año después con el exilio de Iturbide.

Fuente: “Viaje por la historia de México”, es una obra creada por el historiador Luis González y González para la Secretaria de Educación Pública.

Regresar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.