Tradiciones Otomí – Chichimecas, patrimonio cultural inmaterial

Otomí – ChichimecasLa UNESCO define un Patrimonio Inmaterial como una zona o lugar que, sin perder sus cualidades naturales, ha sido influenciado de forma positiva por el ser humano, no necesariamente de manera tangible, sino más bien de forma simbólica. El nombramiento hecho a Tolimán, Querétaro, como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad comprende todos los lugares sagrados de los indígenas otomí – chichimecas; estos son representados por el semidesierto queretano, las capillas oratorio familiares, las festividades, las rutas de peregrinaje, la Peña de Bernal y la memoria indígena en sí.

Los lugares de memoria de los pueblos otomí – chichimecas del semidesierto, constituidos fundamentalmente por los cerros sagrados, los manantiales y las capillas familiares, son resultado de la intervención del ser humano en la naturaleza y forman parte de un territorio simbólico y material, marcado por la presencia de expresiones culturales únicas de los pueblos otomí – chichimecas, que han permanecido vivas y se han ido trasformando, gracias a su capacidad de adaptación y al uso sustentable de los recursos naturales.

Este elemento cultural, involucra una serie de atributos que le son propios, tales como los cerros y sitios sagrados, conectados y significados en el ámbito simbólico y territorial mediante rutas de peregrinación; las doscientas sesenta capillas familiares, que incorporan valiosas manifestaciones de la cultura material de aquellos pueblos, incluyendo sus imágenes religiosas, sus pinturas murales, sus ofrendas, así como los calvarios y chimales asociados a dichas capillas; las fiestas y ritos tradicionales, que refrendan la identidad y la memoria comunitarias y que se nutren con singulares expresiones culturales en la danza, la música, la gastronomía, la medicina tradicional y la lengua otomí o hñahñu.

Así se considera que los principales componentes que singularizan y dan relevancia a este elemento cultural son los siguientes: El triángulo simbólico que forman los cerros el Zamorano y el Frontón, en el eje poniente-oriente, y la Peña de Bernal en el vértice sur del territorio aludido, que permiten configurar una geografía sagrada sustentada en el conocimiento y la apropiación simbólica del entorno natural sobre la base de una cosmovisión propia. Las rutas de peregrinación que se dirigen al Frontón y al Zamorano, así como el ascenso de grupos diversos a la peña de Bernal, alrededor de las celebraciones de la Santa Cruz, que ratifican la existencia de un territorio simbólico que sustenta la identidad y la permanencia de los pueblos que se asumen como parte de éste.

Otomí – ChichimecasLa prevalencia de un conjunto de fiestas comunitarias que marcan un calendario ritual en el que se ponen de manifiesto las diversas actividades que las comunidades realizan a lo largo del año, de acuerdo con una tradición viva, para rendirle culto a la divinidad, a sus santos y sus antepasados, para propiciar un buen temporal, solicitarles protección y ayuda, y agradecerles por la obtención de sus bendiciones, dones y alimentos. La fusión entre la memoria batalladora, indomable y trashumante de las tribus chichimecas, y la lengua y tradición de los otomíes o hñahñu, que constituyen uno de los grupos etnolingüísticos más antiguos y numerosos de mesoamérica, desde la época prehispánica hasta la actualidad.

Una expresión cultural de la mayor elocuencia para comprender la singularidad de los pueblos otomí – chichimecas es la presencia del chimal, impresionante estructura efímera que, a manera de ofrenda, se levanta en las principales celebraciones comunitarias como emblema de la resistencia y símbolo de vitalidad y pertenencia. La presencia de 258 capillas familiares, llamadas también t’ulo nijö dega södi (iglesitas de rezo o capillas oratorias), que constituyen el espacio ritual en que se expresa la veneración a los antepasados, y en que se estructuran los grupos parentales, por lo que permiten ordenar el espacio urbano y social de estas comunidades.

La majestuosidad y la belleza natural del gran monolito de Bernal, impresionante formación geológica que desde tiempos prehispánicos ocupó la atención de los moradores del territorio y que hasta la actualidad representa un lugar de enorme carga simbólica para las comunidades indígenas de sus alrededores, así como inspiración para muchos escritores, artistas, cineastas y naturalistas. Sin embargo, el pueblo otomí – chichimeca celebra todas las festividades tradicionalmente mestizas; el Día de Muertos, por ejemplo, todas las capillas visten de vivos colores y se hacen rituales ancestrales. Además, tienen sus propias celebraciones y simbolismos, como las peregrinaciones a los cerros sagrados y las danzas autóctonas.

Esta memoria colectiva remite a una tradición cultural ancestral de la que casi no queda nada, pues la mayor parte de los grupos chichimecas existentes en el centro norte de México, los cuales formaban parte de las numerosas culturas tribales de cazadores recolectores existentes en América del Norte a la llegada de los europeos al continente, fueron eliminados o disueltos como tales en los tres siglos de la ocupación española sobre el territorio mexicano, por lo que su continuidad y preservación adquieren un especial interés para la salvaguarda de la diversidad cultural de México y de la humanidad.

Otomí – ChichimecasLa Peña de Bernal, guardián de un territorio sagrado, como patrimonio inmaterial del mundo, ayudará poner a la luz una cultura poco conocida, incluso negada durante siglos por los grupos dominantes, misma que ha sido producida y defendida por un grupo de comunidades hermanadas que, a pesar de los embates de la globalización, la exclusión social y la negación étnica, han podido mantener una tradición y una matriz cultural propias.

Es de destacar que esta cultura se ha reproducido en un espacio geográfico caracterizado por su aridez y precariedad, lo que da muestra de la creatividad y la adaptabilidad de los grupos humanos. Este reconocimiento contribuirá sin duda a favorecer la reflexión y el diálogo entre los diversos grupos indígenas, entre los pueblos indígenas y la sociedad mexicana en su conjunto, y entre los mexicanos y la inmensa comunidad de las naciones que han suscrito la Convención para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial.

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Por: Jess Chilián
Fotos: Natura Film Group

 

 

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