Así festejan los mazatecos la fiesta grande de los muertos (‘Tsui k’en)

Por: Cortesía de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.

can_etn_diamuertosmazatecos01En nuestra sierra mazateca, así como en todo nuestro México, celebramos los días 1 y 2 de noviembre de cada año “todos santos”, días en que vamos al panteón para velar a nuestros muertos. Fiesta de colorido, cantos, rezos comida y baile en que celebramos al difunto en casa y cementerios. Para nosotros los mazatecos chá ndiyo (gente antigua), que hemos vivido desde siempre en La Sierra Mazateca, tierra maravillosa y elevada montaña, la celebración de “todos santos”, es la mayor fiesta de nuestro tiempo y espacio, que como tal, se ha quedado clavada en nuestros sentimientos. En todos los municipios mazatetecos: Huautla (Tejao), Chilchotla (Ndaxo), Mazatlán (Chintjai), San Antonio Eloxochitlan (Nguixo), San Pedro Ocopetatillo (Naja), San Lorenzo Cuaucnecuititla (‘ndele chinti), San Mateo Yoloxochitlan (Skajon), San Lucas Zoquiapan (Xo Loka), San José Tenago, Santa María Asunción (Ngui Naxi), San Miguel Hautepec (Nindo j-a), San Juan Coatzospan (chinro) (mixteco), de la mazateca alta así como Ayautla (ngufi), Jalapa de Díaz, San Pedro Ixcatlan (Ningo tse), Soyaltepec Naxi Xkajén y San José independencia (cerro campana) de la mazateca baja, se realiza esta fiesta con distintas variantes.

Nuestros sabios abuelos nos dejaron la “costumbre”, con esta palabra resumimos lo que tenemos que hacer y hemos hecho por milenios, con los cambios lógicos de la evolución humana y la guerra contra nuestras identidades étnicas, pero la “costumbre” no morirá jamás solo se renovará con lo que dicen nuestras fiestas; ésta es la mayor muestra de que el México profundo sigue vivo, esta fiesta tiene la virtud de unir a todos, desde el reparto de velas (hechas de cera pura de abeja) que alumbran al muerto en el panteón, es época en que rencores y ofensas se olvidan y perdonan para que los muertos encuentren armonía entre los vivos, también se realiza el intercambio de comida entre vecinos, pues muertos y vivos degustaremos una rica ofrenda llena de bebidas espirituales y comidas de la vieja gastronomía mazateca: mole, caldo de chivo, tamales de tezmole, de mole, de fríjol, blancos, hojaldras, pan de muerto, café, atole agrio, chile atole, aguardiente con frutas (solo para los mas machos), totopos, tortillas de mano etc.

can_etn_diamuertosmazatecos02Desde el 27 de octubre los mazatecos suspendemos nuestras labores cotidianas para dedicarnos a la tarea más delicada y respetuosa: la fiesta a nuestros muertos, a quienes chikon nyoa k’en (el guardián del inframundo) les permite salir de sus dominios en estas fechas. Para recibir estas almas del inframundo, los mazatecos debemos de tener armonía en casa y no estar en discordia con la familia, pues los muertos regresarían tristes y decepcionados, la finalidad es rendirles culto y celebrar una gran fiesta junto con toda población. Los carrizos, laurel, y flores así como frutas de temporada de la región se utilizan, para levantar nuestra ofrenda en casa. Dentro de la cosmovisión mazateca cada cosa dentro del altar tiene un simbolismo y una razón de ser, la ofrenda es acompañada por imágenes religiosas, fotografías del difunto y platillos típicos de la región. El copal que sahuma la estancia y las velas que alumbran el camino de los difuntos así como flores de temporada y el zempazuchitl que lucen ofrendas y tumbas.

Puertas y ventanas lucen abiertas esperando que lleguen o entren nuestros muertos a saborear y convivir un rato con nosotros (tiempo de mariposas que son las almas limpias de los difuntos que llegan, decían los abuelos) para que sepan que aun se les recuerda y no se les olvida. En los panteones hay un osario en el centro, nuestra cosmogonía señala cuatro esquinas y el centro al cual llamamos xo’o (ombligo), el 27 de octubre desde temprano las comparsas de huehuentones se dirigen al panteón, después de rezos y cantos piden permiso al dueño del mismo para que permita salir a los muertos al mundo terrenal, a transitar sus caminos y goces, y visitar a sus familiares. Estas comparsas las formamos gente del pueblo, realizamos una promesa de pertenecer a ella durante 7 años, de lo contrario, los muertos regresarían molestos al inframundo.

El día 27 acudimos al panteón por las almas de los difuntos, nos vestimos en el osario del mismo, donde el dueño permite salir, los que apenas murieron no pueden venir pues deben cuidar el inframundo. Después de rezos y cantos de pedimento el chikon deja salir a las almas, en ese momento nos transformamos totalmente, nos vestimos con ropas estrafalarias, lucimos sombreros puntiagudos de bejuco y máscaras de jonote hechas por nosotros mismos y otras de luchadores como El Santo, Blue Demon y Mil Máscaras que venden los comerciantes, con ellas nos cubrirnos el rostro para no espantar a nuestros familiares, por eso nos dicen koto xoo “los ombligudos”. Empieza la fiesta; llevamos guitarras, violines, organillos, tambores (tambo en mazateco, hecho de tronco de jonote yá tjoa,) los cantos salen de nuestras gargantas desde el fondo de nuestro ser, bailamos, comemos, tomamos, reímos, los vecinos nos regalan café, tamales y aguardiente, con gran gusto nos reciben los vivos, ¿cómo no habían de hacerlo si es nuestra costumbre?

can_etn_diamuertosmazatecos03El día 31 desde temprano velamos a los angelitos “los niños” que murieron chicos o no tuvieron casamiento, ese día, a las doce de la noche, lanzamos cohetes para saludar a nuestros muertitos. El primero y dos de noviembre velamos a todos los fieles difuntos, el dos a las doce de la noche es cuando se van nuestros muertos, en su altar les pedimos que nos cuiden, si estamos enfermos les decimos que intercedan por nuestra salud, nuestra unión familiar y nuestro trabajo, todo esto les pedimos entre llantos y rezos, ellos se adelantaron y tienen el don de estar cerca de los dioses. Nuestra fiesta acaba entre tristeza y alegría por la breve estancia que nuestros difuntos compartieron con nosotros, este día los chá xo’o (huehuentones) vamos al osario para entregar las almas que vivieron en nuestros cuerpos durante la fiesta. Que bonita es nuestra fiesta de los muertos, herencia de los abuelos, cuan grande es nuestra dicha de vivir estas manifestaciones de nuestra cultura antigua, nadie muere para siempre en la sierra mazateca, que gusto da morir, que nos entierren en esa sagrada tierra de la montaña. Estimados amigos están invitados a nuestra fiesta.

Fuente: Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas
Texto: Renato García Dorantes + / Carlos Inchaustegui Díaz

Mayores informes:
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Tel. (55) 9183.21.00
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